Empuja la puerta de la calle con fuerza. Una pequeña ráfaga de viento fresco le llega desde el exterior provocándole un leve escalofrío en sus brazos desnudos. A su alrededor, aún brillan los últimos haces de luz del día entre los altos edificios de oficinas. Apenas se aleja de la puerta para deleitarse de esa escena mágica que anuncia una puesta de sol prematura por la pronta llegada del invierno. Pero también el ocaso de otro día.
Qué bonito.
Siempre le ha gustado ver el atardecer con sentimientos encontrados de melancolía por el día que se acaba y esperanza por lo que sucederá al día siguiente.