Estaba tan acostumbrada al identificador de llamadas que ahora me resulta extraño descolgar el teléfono desconociendo la identidad del emisor de la llamada. Además, curiosamente, parece que todo el mundo que llama a casa busca a la misma persona, un hombre que a estas alturas sospecho que debe ser moroso (Conversaciones Extrañas II). Pero también, erróneamente, han preguntado por la parroquia y hasta por alguna pequeña empresa. Hoy, una vez más, la llamada giró en torno a uno de esos temas. El moroso. La conversación fue la siguiente:
- ¿Si? -repuse al descolgar el auricular.