Seguramente hayáis escuchado en más de una ocasión la afirmación:
“No soy Monárquico, soy Juan Carlista“.
Por mi parte, la he escuchado en innumerables ocasiones. Y es que la imagen histórica que tenemos de la monarquía es practicamente equivalente a despotismo en estado puro. Sin embargo, la figura del Rey de España es para muchos españoles la digna imagen de un Jefe de Estado. Es cercano al pueblo español, campechano, pero al mismo tiempo respetable.
Cuando hace un par de años salieron de sus labios las famosas palabras ¡¿Por qué no te callas?! dirigidas al mandatario venezolano, muchos detractores aprovecharon la oportunidad para criticarle con vehemencia, y tachar la figura monárquica como obsoleta. Entre sus partidarios se mencionó la posibilidad una inminente cesión de poderes al príncipe. Aunque estoy de acuerdo en que no es propio de una persona que representa a un Estado, estoy convencida de que la mayoría de los españoles, entre los que me incluyo, estamos de acuerdo con cada una de esas palabras, tanto por la situación en la que se produjeron como por el personaje al que iban dirigidas.
Desde aquel anecdótico desliz hasta la fecha no se había oído apenas hablar de la monarquía. Pero en los últimos días, el ataque se está haciendo más que evidente, acentúado en gran medida, por la crisis que atravesamos. Tampoco voy a negar que desde la Casa Real parecen estar poniendo todo de su parte. En primer lugar con el yerno del Rey y su presunta implicación en el caso Nóos, que parece extenderse a la familia Real al completo. Seguidamente, el nieto mayor, Froilán, yendo a cazar (he aquí la vocación familiar), siendo menor de la edad legalmente permitida para semejante actividad. Y por último, el monarca con la caza de elefantes.
No voy a entrar en detalles por todos conocidos. Aparte de que mucho se ha hablado, de si tenía conocimiento el Presidente del Gobierno de las actividades privadas del Rey, o de quién ha financiado semejante afición, o el tiempo invertido por la Reina al visitar a su marido en el hospital.
Podría enumerar los múltiples comentarios con los que nos mantienen informados los medios de comunicación, junto con las continuas críticas dirigidas contra la Casa Real durante la última semana. Por lo visto, ahora la prensa rosa ha encontrado otro punto de mira más alto, para regocijo de republicanos.
Personalmente, hasta el momento, he estado muy orgullosa de la imagen que ofrece el Rey. La figura del Jefe de Estado ha sido una salvaguarda en muchas ocasiones, mediador con muchos países e intermediario ante otros Jefes de Estado y de Gobierno. Es y ha sido, el perfecto embajador español.
Hasta aquí no son sólo palabras, atrás quedan los hechos que prueban la labor de nuestro monarca. Sin embargo, de toda esta historia, lo que no apruebo es la caza de elefantes. Estoy de acuerdo con Brigitte Bardott al respecto. “Es repugnante e indigno de alguien de su rango“. No considero deporte matar animales indefensos. Apuntar y disparar a matar a otro ser vivo a sabiendas de la superioridad, es algo que repudio firmemente. Pero, si ha sido financiado por un magnate sirio, y realizado dentro de sus actividades privadas no soy quién para valorarlo. No ha cometido ningún delito, no obstante, ante la enorme difusión mediática y la polémica generada, el Rey ha pedido perdón. Pero ¿seremos capaces de escuchar algún día pedir pedir perdón a los políticos corruptos por la malversación del dinero público? Lo dudo mucho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario