Hace unos días leí un artículo en El País acerca del actual premio Nobel de Literatura del 2010, Mario Vargas Llosa. Comencé a leer por curiosidad y a medio relato me descubrí devorando con ansiedad cada una de sus palabras y asintiendo en silencio. En concreto, hubo una afirmación que destacó por encima de otras y fue la siguiente, que me gustaría compartir:
"Detesto toda forma de nacionalismo, ideología -o, más bien, religión- provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios étnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontológico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento".
Sinceramente, no sabría si alguien pudiera explicarlo mejor. Aunque bien es cierto, que la ignorancia se reviste de múltiples formas, en políticos, en demagogos, falsos profetas, en vividores y otros personajes públicos notorios. Y, como no, en muchos otros personajillos de a pie con aspiraciones a ser alguien a cualquier costa. No es necesario poner ejemplos, tan solo observar la televisión durante unos minutos, a cualquier hora del día, es suficiente para percatarnos de la basura a la que nos estamos habituando.
Deberíamos de preguntarnos de dónde parte el problema de base. E indudablemente, la cultura juega un papel importante que, inevitablemente, cada día pierde protagonismo. El acostumbrarnos a las barbaridades que escuchamos cada día y normalizar esa información nos aleja un poco más de la cordura.
El problema de una deficiente educación de base nos causará severos problemas en el futuro cercano. Nos enfrentará a terribles desavenencias consecuencia de la malograda enseñanza. No solo en nuestras escuelas, en nuestras familias también se fraguan esos valores que traspolamos más allá de nuestros hogares, vecindades, barrios y lugares de residencia.
Porque conocer es saber. Es saber discernir, pensar por uno mismo, independientemente de las ideas de los demás. Porque aunque no estemos de acuerdo con ellas, lo importante es saber escuchar, respetar y tratar por todos los medios de no excluir o infravalorar a los demás con prejuicios estúpidos y sin sentido. Porque de todos podemos aprender, a comportarnos, a crecer, o a evitar cometer sus errores de creciente inmadurez.
Porque conocer es saber. Es saber discernir, pensar por uno mismo, independientemente de las ideas de los demás. Porque aunque no estemos de acuerdo con ellas, lo importante es saber escuchar, respetar y tratar por todos los medios de no excluir o infravalorar a los demás con prejuicios estúpidos y sin sentido. Porque de todos podemos aprender, a comportarnos, a crecer, o a evitar cometer sus errores de creciente inmadurez.
Ojalá las palabras del maestro Vargas Llosa no se perdieran entre esas páginas del periódico, o entre la información múltiple que inunda la red. Porque todos podemos aprender. Tan solo hemos de buscar el modelo idóneo al que seguir.
En reconocimiento a las palabras del escritor Vargas Llosa. Un grande, entre los grandes.
En reconocimiento a las palabras del escritor Vargas Llosa. Un grande, entre los grandes.
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