Me he visto obligada a ingresar en las listas de parados de este país, siendo uno más de los millares de españoles que nos encontramos en situación de desempleo involuntario. Motivo por el cual me he visto inmiscuida en un curso promocionado por el INEM destinado a desempleados. El sector en auge...
¿Cómo me adentré en este curso?
Hace unos meses me remitieron una carta en la que, amablemente, me invitaban a participar en uno de los cursos de promoción para el empleo. El curso en cuestión, inicialmente, constaba de 341 horas y era denominado Técnico Jurídico de Empresa. En el escrito en cuestión me convencieron de la necesidad de presentarme con una nota recordatoria en la que aludían mis obligaciones como preceptor de la prestación por desempleo.
Tras acudir a la presentación y, para mi desgracia, ser seleccionada, me informaron de que la celebración del curso se realizaría en otro municipio, a una hora de trayecto. La duración sería inferior a la indicada, se rebajó a 164 horas. Y, tras comenzar el curso, me he dado cuenta de que el temario también era orientativo.
Las clases son aburridas en grado extremo. Se reducen a realizar supuestos prácticos tras facilitar nociones teóricas escuetas, por lo que, al final todo se reduce a lo mismo. Buscar en Internet. Copiar y pegar.
Y, la mayoría de los lectores se preguntarán ¿por qué se queja? Está realizando un curso con el dinero de los contribuyentes. Efectivamente, eso es lo peor. No sólo estoy perdiendo mi tiempo, sino que estoy malgastando el dinero de todos los españoles, incluído el mío propio.
Para más inri, el curso debería de haber finalizado hace dos meses, pero tras molestias físicas sufridas por parte del profesor y, sin posibilidad alguna de conseguir sustituto en fechas estivales, se pospuso durante una semana. Momento en el que comenzaba mi viaje veraniego por tierras extranjeras. Hecho que me obligaron a justificar. Mi inicial ilusión ante semejante pérdida no ha durado mucho. El curso se pospuso por segunda vez. La desorganización por parte de la empresa encargada de la impartición ha sido absoluta, cuando no, surrealista. No se han dignado en avisar a ninguno de los ocho alumnos que acudíamos habitualmente, como corderos al matadero. Supongo que debíamos de ser demasiados para realizar un aviso telefónico de escasos minutos.
Finalmente, la casualidad o la mala conciencia provocaron que mirase ayer por la noche en el email creado por y para los alumnos del curso en el que el profesor realizaba una mención al inicio del curso en esa misma mañana. Dos horas antes del comienzo. Email que no miré hasta la noche y por tanto, perdí la vuelta al comienzo del curso. Fue doloroso, sí. Sobretodo saber que no me lo había perdido y aún podía asistir.
A la mañana siguiente llamé hasta tres ocasiones para localizar a la persona de contacto de la formación. Todas las llamadas fueran fallidas. Finalmente, contacté con la escuela donde se imparten las clases que me confirmaron de que había dado comienzo el día anterior.
Finalmente, la casualidad o la mala conciencia provocaron que mirase ayer por la noche en el email creado por y para los alumnos del curso en el que el profesor realizaba una mención al inicio del curso en esa misma mañana. Dos horas antes del comienzo. Email que no miré hasta la noche y por tanto, perdí la vuelta al comienzo del curso. Fue doloroso, sí. Sobretodo saber que no me lo había perdido y aún podía asistir.
A la mañana siguiente llamé hasta tres ocasiones para localizar a la persona de contacto de la formación. Todas las llamadas fueran fallidas. Finalmente, contacté con la escuela donde se imparten las clases que me confirmaron de que había dado comienzo el día anterior.
Ahora, tras meses de realizar aburridas y agotadoras sesiones de formación, haber entregado cada una de las pruebas que habían puesto en clase, el examen de fin de curso y haber asistido salvo en tres ocasiones, me encuentro con que, por error u omisión de la desorganizadora del curso me voy a ver implicada en la no obtención del diploma del dichoso curso y, posiblemente, en tener que luchar con uñas y dientes por mi prestación por desempleo. Encantadores.
A esa encargada la mandaría al paro y, como castigo, le obligaría a asistir a uno de los cursos que imparte la que hoy día es la empresa en la que trabaja. Si acudiese solo un par de horas a esas mortales clases, se mostraría un poco más conforme en hacer bien su trabajo. De eso no me cabe la menor duda.
A esa encargada la mandaría al paro y, como castigo, le obligaría a asistir a uno de los cursos que imparte la que hoy día es la empresa en la que trabaja. Si acudiese solo un par de horas a esas mortales clases, se mostraría un poco más conforme en hacer bien su trabajo. De eso no me cabe la menor duda.
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