¿Quién no siente nostalgia de un pasado? De ese pasado que se recuerda siempre entre algodones y flores, todos son gratos sentimientos los que lo rodean. Anécdotas de mil colores. Como cuando él llegó.
Ella llevaba más de media hora esperándole a las puertas de la facultad. Algunas amigas se habían quedado para hacerla compañía, aunque ella sabía que en parte tenían curiosidad por conocer a ese chico que le había devuelto la alegría. Él llegó con retraso. Atravesó el campus decidido. Su tez morena contrastaba con la camisa blanca que llevaba puesta y estilizaba su figura. Era de firma, pero la vestía de manera informal, con los picos por fuera, como si hubiera decidido ponérsela a última hora con prisas y olvidara ajustársela por dentro.
Con cada paso que él daba hacia ella olvidaba el tiempo que llevaba esperándole. Sus ojos se cruzaron con una mirada cómplice y sintió como una ráfaga de luz le invadía por dentro. Ella sólo quería anclarse a su brazo y que el tiempo se detuviese por siempre, a su lado.
De aquella escena han pasado casi ocho años. Han compartido muchos momentos juntos. Tantos que es imposible abarcarlos. Hoy lo recuerda en silencio como si hubiera sido un sueño del que no quisiera despertar. Entonces abre los ojos y descubre su inconfundible figura a su lado.
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