Me encuentro indecisa. He decidido explotar mi pequeña vena artística. Y aquí me encuentro. Sin nada. He remitido parte de mis pequeñas obras a concursos. Y nada. Sin resultado alguno. Es desalentador.
Pero aún más lo es el leer los relatos de los concursantes ganadores y finalistas. En estos últimos porque son verdaderas obras de arte. Te transportan e inmiscuyen en sus obras, en su pequeño mundo de fantasía. Mientras que, en los relatos ganadores sólo me generan confusión, extrañeza y desorientación. Quizá sea culpa del jurado y no del creador. Pero, la única cuestión que me embarga es: ¿no seré yo?
Si mis obras no son creativas, novedosas o simplemente no se relatan con especial atención. Ni las palabras por escrito de las cuales siempre he estado especialmente orgullosa. Entonces, ¿dónde me dejan? ¿A dónde voy?
Solo me queda desahogarme como mejor sé. Con palabras. Con esos manuscritos de gran ofuscación, en espera de salir de este atolladero en el que me encuentro. Eso sí, sin rendición
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